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El futuro de Grecia. Vicenç Navarro.

Cuando el lector de El Plural lea este artículo, ya conocerá el resultado de las elecciones del 17 de junio en Grecia. Tales elecciones han alarmado a la eurocracia (los funcionarios de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo, así como del Fondo Monetario Internacional) y a las derechas gobernantes en Europa, lideradas por el gobierno Merkel, habiendo incluso impuesto el rescate financiero a España, a fin de evitar que en caso de que ganara la izquierda griega las elecciones se creara una situación monetaria inestable que afectase al sistema financiero europeo (centrado en la banca alemana) y muy en particular a los subsistemas financieros nacionales más vulnerables dentro de tal sistema, como es el español.

Escribo este artículo el viernes anterior, 15 de junio, y desconozco, por lo tanto, el resultado de tales elecciones. Ahora bien, en base al conocimiento adquirido a través de algunos de mis estudiantes griegos que están ahora en Grecia, mucho me temo que ganarán las fuerzas conservadoras, las de siempre, responsables de la enorme crisis que ha estado padeciendo aquel país desde 2007, y que durante la mayoría de la historia griega han dominado aquel Estado. La intervención tan agresiva y activa, tanto de tales derechas griegas como de las instituciones y gobiernos citados al principio del artículo, en el proceso electoral griego, en un contexto en que la mayoría de los medios están controlados por fuerzas conservadoras y liberales (en realidad, neoliberales) griegas e internacionales, hace muy probable la victoria de las derechas. El mensaje promovido por tales derechas ha sido que una victoria de las izquierdas sería “el desastre”, “el colapso, “el fin”… y toda una serie de epítetos utilizados en los medios griegos e internacionales con el objetivo de hacer calar en la población una sensación de miedo que les motive el día de las elecciones a evitar la victoria de las izquierdas, optando por las derechas, aunque el nivel de rechazo hacia las políticas impuestas por éstas últimas sea elevadísimo. Muchos que rechazan tales políticas votarán por la derecha, temiendo que la victoria de las izquierdas fuese peor, es decir, conllevara directamente el colapso de la economía.

El miedo, como también ocurrió en el reciente referéndum en Irlanda, ha sido el arma que ha utilizado la derecha para conseguir lo que desea, la continuación de las políticas neoliberales que han debilitado enormemente el mundo del trabajo, bajando los salarios, desmontando la protección social y debilitando el Estado del Bienestar. El proyecto actual de las derechas en la Eurozona tiene como objetivo transformar la Europa Social en la Europa Neoliberal. Y lo están consiguiendo, con la complicidad durante muchos años de la socialdemocracia, causa de su declive electoral. En este proyecto, Grecia ha sido el Estado donde esta estrategia se ha mostrado más exitosa.

La izquierda radical griega es la respuesta a esta situación y representa la esperanza de cambio. De ahí que haya sido estigmatizada, presentándola como “extremista”, siendo  demonizada en los mayores medios de información y persuasión europeos, manipulando maliciosamente sus propuestas. En realidad, tales propuestas siguen las líneas aconsejadas por la mayoría de economistas –como Stiglitz, Weisbrot, Baker, Krugman y muchos otros- que no son adherentes al dogma neoliberal, dogma que sirve predominantemente a los intereses del capital financiero.

La necesidad de cambio en Grecia

Es obvio, y los datos así lo confirman, que Grecia no puede salir de la crisis a base de las políticas que han sido impuestas por la eurocracia y por sus aliados en el Estado griego –los dos partidos mayoritarios que han gobernado Grecia durante todos estos años-. Un tanto semejante, por cierto, puede decirse de España. España y Grecia no saldrán de la crisis mediante la aplicación de las políticas neoliberales. Éstas están agudizando todavía más la recesión. Sólo pensadores aferrados al dogma neoliberal, de los cuales hay una gran densidad en los círculos mediáticos de España (TV3, la cadena pública de la Generalitat de Catalunya, tiene una hora semanal de adoctrinamiento neoliberal, llamada “lecciones de economía”, realizada por el economista neoliberal Sala i Martin, que goza de gran prominencia mediática en los medios controlados por las derechas), pueden continuar insistiendo en que la solución pasa por profundizar todavía más estos recortes de gasto público.

Lo que está proponiendo la Izquierda Radical no es la salida del euro. Como queda bien indicado en el artículo de su dirigente Alexis Tsipras publicado en el Financial Times (13.06.12), la fuerza política que él representa defiende la existencia del euro y la permanencia de Grecia en la Eurozona. Ahora bien, critica e intenta cambiar las condiciones que la eurocracia, el FMI y el gobierno Merkel están imponiendo al Estado griego, que están llevándole a la ruina. Es fácil demostrar que esto es así mirando los datos.

Y el análisis del por qué Grecia está donde está lo atribuye, no sólo a tales políticas impuestas desde la eurocracia, sino también a la estructura de poder económico y financiero de su país y su excesiva influencia sobre el Estado. La semejanza con España es enorme. Y no sólo con España. Los países que tienen más dificultades, todos ellos intervenidos –Grecia, Portugal, Irlanda y España-, han estado  históricamente dominados por una clase ultraconservadora que ha configurado unos Estados muy represivos, muy pobres, con escasa sensibilidad social, y escasamente redistributivos. De ahí que sólo una izquierda radical puede cambiar esta situación. La alianza de las clases ultraconservadoras en estos países con la eurocracia es el bloqueo que impide la salida de Grecia, España, Portugal e Irlanda de la profunda crisis en que se encuentran. De este modo, las únicas fuerzas que pueden cambiar esta situación son estas izquierdas radicales que quieren transformar las relaciones de poder que han obstaculizado el desarrollo del país. Es paradójico, en este sentido, que la presidenta del FMI, Christine Lagarde, critique a Grecia por el fraude fiscal de los ricos griegos y a la vez apoye a las fuerzas políticas responsables de la tolerancia de tal fraude, y se oponga a la victoria del partido que desea eliminarlo.

Las propuestas de la Izquierda Radical para Grecia

Tal partido ha indicado correctamente que el tema central no resuelto en Grecia es la reforma fiscal que permita corregir las enormes desigualdades existentes en el país, aumentar los ingresos al Estado, y estimular la economía a base de incrementar el gasto público, creando empleo. Empleo crea riqueza y crea más empleo. El problema de Grecia no es el déficit, sino el nulo crecimiento y el elevado desempleo. El elevado déficit no es la causa, sino el síntoma de la crisis. Igual ocurre en España. De ahí que tal partido haya hecho de la reforma fiscal el centro de su programa económico. Lo mismo debería ocurrir en España. La creación de empleo a base de reformar la política fiscal y su impacto redistributivo ha sido avalado extensamente, no sólo por la experiencia de los países nórdicos en Europa, sino por la amplia investigación científica, liderada por el profesor Simon Wren-Lewis de la Universidad de Oxford. Definir tal estrategia como “extremista” define más al acusador que al acusado. Tales políticas, sin embargo, no pueden realizarse dentro del acuerdo impuesto a Grecia por la eurocracia.

Otro punto que tal Izquierda Radical también cuestiona es la responsabilidad por la deuda adquirida. ¿Por qué un Estado democrático tiene que pagar las deudas contraídas por una dictadura, cuyos gastos militares beneficiaron a los acreedores alemanes? Un punto semejante podría aducirse en el caso español. ¿Por qué se intenta penalizar, con razón, a la banca española por su comportamiento especulativo, generando la burbuja inmobiliaria, y en cambio no se penaliza y se protege a la banca alemana, cuyos fondos fueron determinantes en la creación de la burbuja inmobiliaria española?

Alexis Tsipras está cargado de razón. Y aún cuando la situación de la crisis griega es distinta a la española, sus observaciones y propuestas son también aplicables a España. Su contraste con las políticas de las izquierdas gobernantes en España no puede ser más dramático. Tal partido no desea salirse del euro, quiere cambiar el sistema de gobierno del euro, cambio que beneficiaría a todo el mundo, y no sólo la Eurozona. El BCE es hoy una de las instituciones –lobby del Bundesbank- que está dañando más la economía europea y mundial.

Ahora bien, si la estructura de poder europea no acepta tales cambios, la izquierda griega no excluye su salida del euro, lo cual crearía una pesadilla, no tanto a las clases populares griegas, sino a las economías europeas, así como a la clase dirigente griega. Esto es de lo que no se ha informado al público español.

Vicenç Navarro. Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Lo que España necesita. Libro de Vicenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón, en pdf.

Son los propios autores los que permiten que se descargue en pdf su libro, para que se discutan sus propuestas:

Los autores de “Hay alternativas” vuelven a la carga con “Lo que España necesita” en el que exponen las politicas que, a su juicio, deberían ser las adecuadas para afrontar la crisis.  El libro está a punto para su distribución en papel, pero a petición de sus autores, también puede descargarse en la web pulsando en este link.  Lo que España necesita

El rescate traerá más recortes y no sirve para salir de la crisis

Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University
Juan Torres López
Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla

Desde que la crisis se inició en 2007, la población española ha estado sometida a toda una serie de políticas públicas que han significado un gran recorte de sus derechos laborales y sociales, que han afectado de una manera muy notable al bienestar social y a la calidad de vida de las clases populares. Hemos visto durante estos años de crisis la congelación y pérdida de la capacidad adquisitiva de las pensiones, el retraso de la edad de jubilación, la reducción del gasto público en las transferencias y servicios del Estado del bienestar (con recortes muy acentuados de la sanidad pública, de la educación pública, de los fondos y servicios a las personas con dependencia, de las escuelas de infancia -erróneamente definidas como guarderías-, de los fondos para la prevención de la pobreza y de la exclusión social, de los servicios sociales, de las viviendas sociales, del nivel de cobertura de los seguros de desempleo y de las ayudas a la integración de los inmigrantes). Y hemos sufrido las reformas del mercado laboral, que se han llevado a cabo con el objetivo de reducir los salarios y la capacidad de negociación de los trabajadores. Y a todas esas medidas se han añadido la reducción del empleo público y de los salarios a tales empleados públicos.

Pues bien, hoy día sabemos a ciencia cierta que todas estas intervenciones han empobrecido todavía más al conjunto de la clases trabajadoras y que, lejos de haber hecho germinar los “brotes verdes” que las justificaron, han llevado a nuestra economía a una situación mucho peor y más cercana a la depresión.

El rescate no es una ayuda, es una imposición para realizar más recortes

Tales recortes se han justificado siempre como imprescindibles para reducir el déficit del Estado y el tamaño de su deuda pública, algo necesario, según se ha dicho siempre, para ganar la confianza de los mercados financieros y de esta manera poder conseguir dinero prestado para pagar los gastos del Estado.

Tanto el gobierno de Zapatero primero y ahora el de Rajoy han insistido constantemente en realizar esos recortes por encima de todo por el miedo a que no pudiéramos recuperar la famosa confianza de los mercados financieros y entonces fuésemos intervenidos por la llamada Troika, la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Pero ahora resulta que a pesar de que se han llevado a cabo todos esos recortes, a pesar de que se han ejecutado una tras otra las imposiciones de los mercados, expresadas a cada momento muy claramente por esa Troika, España ha sido intervenida por esas tres instituciones

Digan lo que digan, lo cierto es que todos estos enormes sacrificios y recortes han sido en balde y cuando se ha producido su fracaso estrepitoso en forma de rescate, la respuesta del gobierno y del establishment político y mediático es la de negar que haya sido tal y que vaya a llevar consigo una intervención de nuestra economía.

El artículo de Guillermo de la Dehesa Precisiones sobre el rescate bancario, (El País 09.06.12), en el que trata de disimular la verdadera naturaleza del rescate, y las manifestaciones del Ministro de Economía, Luis de Guindos, en la rueda de prensa en la que lo anunciaba como un triunfo, son representativos de esta postura.

Según esas manifestaciones, a las que hay que añadir la del propio presidente Rajoy afirmando que lo ocurrido es algo que “ha conquistado” España, los 100.000 millones de euros no son un rescate, sino una ayuda a la banca que tiene por objetivo reestructurar el sector bancario y sin implicaciones macroeconómicas. Unas interpretaciones que caen por su propio peso cuando se lee el documento del Eurogrupo donde se manifiesta textualmente:

“El Eurogrupo considera que España ya ha implementado importantes reformas fiscales y del mercado de trabajo y medidas para reforzar el activo de los bancos españoles. El Eurogrupo confía en que España cumplirá sus compromisos en virtud del procedimiento de déficit recesivo y con respecto a las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco de la Unión Europea. Los progresos en estas áreas serán revisados de cerca y con regularidad, también paralelamente con la ayuda financiera” (el subrayado es nuestro).

¿Puede decirse de manera más clara que se trata de una intervención en toda regla?

El texto del acuerdo del Eurogrupo señala sin lugar a duda alguna que paralelamente a la supervisión financiera se hará la de las políticas fiscales y macroeconómicas. Y el significado y el objetico con el que se llevará cabo esta supervisión también aparece bien claro en los últimos documentos del FMI y en las declaraciones de sus responsables que constantemente insisten en que habrá que llevar a cabo más reformas del mercado laboral -para conseguir más bajadas salariales-, más reducción de las pensiones, y una reducción más acentuada del déficit, centrándose en el Estado del Bienestar que en España está gestionado por las comunidades autónomas.

Lo que ahora se busca con la excusa de eliminación del déficit de las éstas última no es otra cosa, en la práctica, que nuevos mayores recortes de las transferencias y servicios del Estado del Bienestar que gestionan, principalmente, en materia educativa, sanitaria y de cuidados a las personas.

El rescate no aumentará la confianza de los mercados sino todo lo contrario

Puesto que conocemos perfectamente lo que ha ocurrido en otros países y en situaciones semejantes cuando se toman este tipo de medidas, podemos afirmar ahora con seguridad lo que con toda probabilidad va a ocurrir en España, en contra de lo que vienen diciendo las autoridades sin ningún tipo de fundamento ni base científica ni empírica.

En concreto, es importante que la ciudadanía sepa que, aunque en teoría estas reformas se hacen para recuperar la famosa “confianza de los mercados”, toda la evidencia muestra que los resultados serán precisamente opuestos a este objetivo.

El resultado de los rescates en los otros países supuestamente rescatados es que la prima de riesgo de su deuda pública no ha disminuido. Antes al contrario, ha subido. Y eso ocurrirá igualmente en España porque los recortes adicionales que van a acompañar al rescate van a ralentizar todavía más, y sin ningún lugar a dudas, la marcha de la economía española, acentuando así la recesión.

Además, y en contra de lo que se está diciendo, el rescate aumentará la deuda pública, pues el Estado –el receptor de la supuesta ayuda- tendrá que pagar por las pérdidas de las bancas fallidas en el rescate y asumir sus intereses y el principal.

Y, finalmente, el rescate tampoco garantiza ni que el sector bancario pase a ser solvente ni, por supuesto, que el crédito vuelva fluir a la economía.

La estimación del Fondo Monetario Internacional de las necesidades de capital del sector están hechas ad hoc, para justificar la cantidad con la que se pensaba jugar de antemano. Las cifras que proporcionen las auditorías solicitadas por el gobierno serán otras: las que se desee, porque la experiencia demuestra (como en caso de los bancos que fueron calificados de plenamente solventes meses o semanas antes de que fuesen rescatados en otros países) que dependen de la valoración que se quiera dar a activos que han perdido prácticamente todo su valor. La deuda inmobiliaria con los bancos no es menor de 400.000 millones de euros, así que 100.000 millones (el techo más alto del rescate) serán insuficiente incluso en los escenarios más optimistas de su recuperación.

Y tampoco se garantiza que vuelva a generar crédito a la actividad productiva no solo porque la capitalización será insuficiente sino porque, mientras que las políticas que se vienen aplicando y que acompañarán al rescate sean recesivas, ni habrá demanda suficiente solvente ni compensará a la banca dejar de dedicar los recursos a donde obtiene mayor rentabilidad.

La realidad que el gobierno y los apologistas del rescate quieren ocultar es que éste no es sino únicamente el instrumento mediante el cual la troika gobernará la política fiscal y macroeconómica española para seguir imponiendo reformas y recortes y para asegurar la prioridad de cobro de la deuda que los bancos españoles tienen con la banca europea, y principalmente alemana.

Por tanto, hay que decirlo claramente: el rescate constituye un auténtico golpe de Estado bajo la apariencia de ayuda a la banca. A partir de ahora, el gobierno Rajoy hará lo que digan la Troika y el gobierno alemán. El federalismo de Merkel (“queremos más Europa… y los Estados tendrán que ceder soberanía”) es una manera amable de definir una relación colonial en la que a España le toca ahora ser la colonia.

¿Por qué el rescate ahora?

La respuesta que las autoridades dan cuando se pregunta por qué se da justo ahora el rescate es que los intereses de la deuda pública estaban alcanzando un nivel prohibitivo y que, por tanto, había que hacer algo. Pero tal argumento también cae por su base porque significa ignorar que, como hemos demostrado en varias ocasiones, no son los mercados financieros sino el Banco Central Europeo el que realmente define los intereses de la deuda pública.

El hecho de que los intereses que está siendo obligada a pagar España sean altos se debe a que el BCE no ha comprado deuda pública española durante tres meses, lo que se podría considerar como una auténtica provocación de la situación final a la que se ha llegado que el BCE lleva a cabo habitualmente.

Así lo ha demostrado recientemente con datos indiscutibles la periodista Ana Tudela (BCE, la mano que mece la prima, Más Público, 11/05/12):

“¿Y si la prima (rentabilidad exigida a la deuda de un país respecto a la de Alemania) respondiese a algo más que a un mercado desquiciado? Hay algo más. El Banco Central Europeo (BCE) ha mecido al alza las primas en fechas concretas: las de las cumbres europeas y las semanas en que gobiernos y parlamentos decidían ajustes.

Como demuestra su propio calendario de actuaciones, el BCE dejó, en esas citas clave, de comprar deuda pública. Dejó solos a los Estados cuando más falta hacía. No una ni dos veces sino de forma sistemática desde hace ya dos años, el tiempo suficiente para cambiar Europa. Las peticiones de ayuda por gobiernos como el español, ante periodos de absoluta inactividad del BCE como el actual, caen en saco roto porque la autoridad monetaria, que se empeña en defender su independencia, tiene un objetivo.

Aunque desde Frankfurt se niegan a explicar el patrón de sus actuaciones, a concretar por qué han actuado en semanas con las primas relativamente relajadas y desaparecido cuando la tensión se disparaba, su intención no puede ser otra que propiciar reformas en línea con las tesis de la canciller alemana, Angela Merkel, y del Bundesbank”.

Y también se oculta que España podría seguir pagando la deuda pública a este nivel (y mucho más si el Banco Central Europeo ayudara a abaratar en lugar de encarecer su factura). De hecho, incluso ahora la deuda pública española es más baja que el promedio de la UE-15. Y según los cálculos del FMI, España pagaría el 3,5% del PIB en intereses en 2017, lo cual es una cifra asumible, semejante a la que pagan otros países como Alemania o Gran Bretaña.

La razón, entonces, de que haya sido justamente ahora cuando se ha producido el rescate es otra, y como siempre, no aparece en los medios. Es el temor de la Troika a que en las próximas elecciones griegas gane la izquierda, y se cuestionen con mucha más fuerza las políticas de austeridad que han llevado a Grecia (y a España) al desastre. Es por eso que la Troika quiere tener la sartén por el mango y forzar la continuación de tales políticas, porque sabe que es muy probable que tras las elecciones del próximo fin de semana (y a pesar de las injerencias constantes que están realizando para influir sobre la libre voluntad de los electores griegos) sea mucho más difícil defenderlas. Así de claro.

En definitiva, hay que denunciar el intento de ocultar la verdadera naturaleza del rescate, que está bien clara en el comunicado del Eurogrupo y en los informes del FMI:

- quieren rescatar a los banqueros despreciando y por encima del bienestar de la inmensa mayoría de las personas.

- se ha acordado ya, y se va a producir materialmente cuando se selle la letra pequeña del acuerdo, un auténtico golpe de Estado, porque a partir de ese momento España ya no estará implícitamente intervenida, como hasta ahora, sino expresa y visiblemente por funcionarios extranjeros que impondrán las líneas de gobierno a las que se habrán de ajustar las políticas económicas: nuevos recortes, privatizaciones y reformas institucionales encaminadas a desarmar de derechos políticos y mecanismos de representación a la ciudadanía.

Y se puede adelantar que nada de eso servirá para recuperar la actividad económica:

- volverá a perderse empleo y cerrarán nuevas empresas.

- nada garantiza que vuelva a generarse crédito para la economía.

- no bajará la prima de riesgo y ni siquiera el montante de nuestra deuda, sino todo lo contrario, cabe esperar que siga subiendo porque nada se ha hecho para frenar el impacto de la especulación generalizada en los mercados.

El rescate es un auténtico desastre para nuestra economía y para nuestra sociedad. Es una verdadera perversión política que el presidente del gobierno se alegre de que se haya producido y que el propio Rey Juan Carlos lo haya felicitado por haberlo reclamado a Europa. Los ciudadanos deben informarse bien, explicar con claridad a quienes tengan a su lado lo que de verdad ha ocurrido y exigir respuestas políticas que den la vuelta a la situación para poner en marcha medidas alternativas, que las hay sobradamente, como venimos poniendo de manifiesto en nuestros escritos y libros.

"Rescate: Se consuma el engaño." Juan Torres López

Primero los gobiernos les crearon las condiciones para que financiaran una burbuja de crédito sin precedentes y con la que han ganado docenas de miles de millones de euros. Dictaron leyes de suelo para que los promotores les pidieran préstamos que financiaran construcciones en todas las esquinas de España, que irían quedándose vacías y sin vender cada vez en mayor número. Aumentaron las facilidades fiscales para promover las ventas y desincentivaron el alquiler y el consumo colectivo de servicios de ocio o residencia.

Solo de 2000 a 2007, los bancos multiplicaron el crédito total destinado a la actividad productiva por 3,1, el dirigido a la industria por 1,8, el de la construcción por 3,6 y por 9 el dirigido a la actividad inmobiliaria. Y eso que cada vez disponían de menos depósitos para generarlo: en 2000 la banca española recibía 1,43 euros en depósitos por cada euro que concedía a crédito, mientras que en 2007 solo 0,76 euros.

No contentos con los beneficios que les daba el negocio inmobiliario que condenaba al monocultivo a la economía nacional, impusieron políticas de bajos ingresos y recortes salariales para que las familias y pequeños empresarios vivieran en el filo de la navaja y tuvieran que endeudarse hasta las cejas.

Pero no contentos con obtener beneficios normales, los bancos utilizaron a sus tasadores para aumentar artificialmente los activos sobre los cuales iban a dar créditos, para así generar más deuda y cobrar comisiones más suculentas y recurrieron a todo tipo de prácticas comerciales predatorias para fomentar el consumo: manejaban a su antojo los índices de referencia, incluían la abusiva cláusula que autoriza al banco a vender el piso en subasta notarial si se produce el impago de la deuda, reclamaban importes elevadísimos por cuentas que creían canceladas, cobraban comisiones leoninas (más que en cualquier otro lugar de Europa) por cualquier cosa, giraban una y otra vez un recibo inatendido por el cliente generando múltiples gastos de reclamación por una misma deuda, embargaban saldos en cuentas corrientes sin respetar lo establecido en la ley… hasta cuatro folios me ocupa el listado de malas prácticas que han recopilado las asociaciones de usuarios, es imposible consignarlas todas aquí. Y eso, por no hablar de las estafas estrella, que han podido suponer un auténtico robo de entre 12.000 y 15.000 millones de euros, si no más, mediante las participaciones preferentes, las cláusulas suelo, etc.

Mientras sucedía todo esto, las autoridades dejaron hacer, consintieron las tropelías bancarias y permitieron que se inflase la burbuja sin cesar, haciendo oídos sordos a todas las advertencias.

El actual Ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, decía en 2003: “no existe una ‘burbuja inmobiliaria’ (…) el concepto de burbuja inmobiliaria es una especulación de la oposición que habla insensatamente de la economía de ladrillo y olvida que la construcción es un sector fundamental para la economía del país y en el que trabajan cerca de un millón de personas” (El Mundo 2  de octubre de 2003). Y el más tarde Ministro de Economía, Pedro Solbes, afirmaría que quienes auguraban el riesgo de recesión por esa causa “no saben nada de economía” (El País, 11 de febrero de 2008).

Los dirigentes de uno y otro partido negaban lo que hiciera falta, por muy evidente que fuese para el resto de los españoles, con tal de dejar que los banqueros y los grandes empresarios de la construcción literalmente se forraran a costa de todos los españoles.

El gobernador del Banco de España que había colocado el PP, Caruana, se pasaba por el arco del triunfo la denuncia de sus inspectores que en 2006 le señalaban formalmente que no se hacía nada frente a un endeudamiento creciente y muy peligroso de la banca española. Pero eso sí, no había declaración suya o más tarde de su sucesor, el socialista Férnandez, en la que no reclamasen moderación salarial y recortes de gasto social.

Pero gracias a todo ello, los bancos españoles se convirtieron en los más rentables del universo, justo, eso sí, en la misma medida en que situaban a nuestra economía entre las más vulnerables.

Cuando estalló la burbuja y ya no se iba a poder disimular lo que había pasado, el inmenso negocio que los bancos habían hecho a costa de la deuda, todos consintieron en disimular.

Permitieron que los bancos declarasen en balance los activos dañados a precios de adquisición siendo cómplices así de un engaño descomunal que hirió de muerte la credibilidad de nuestra economía porque, por mucho que Zapatero dijese en septiembre de 2008 -como le dictaban Botín y compañía- que el sistema financiero español era “el más sólido del mundo”, los inversores y prestamistas internacionales sabían lo que de verdad había hecho la banca española.

Los dos grandes partidos, a los que se  suman los de los nacionalistas de derechas de Cataluña y el País Vasco, colocaron en las cajas de ahorros a sus amigos y militantes y crearon una red de oligarquías provinciales que alentó la especulación, extendió la corrupción y que comenzó a llevar al desastre a la gran  mayoría de las entidades, al convertirlas en clones de los bancos privados, sin tener capacidad real ni naturaleza legal para serlo.

Y para facilitar la recuperación de los bancos mas grandes y dejarles a ellos todo el mercado consensuaron la ley de cajas que las llevaba a su bancarización forzada, para provocar cuanto antes su caída y el reforzamiento por esa vía de los bancos más grandes.

Claro que, a cambio, esos mismos partidos han recibido cientos de millones de préstamos para ir ganando las elecciones, ahora uno luego otro, que no devuelven, y han podido colocar en sus consejos de administración, o en los de empresas participadas, a docenas de ex dirigentes o socios.

Luego, cuando el sistema saltaba por los aires porque a los alemanes les consumía el ansia de cobrar los préstamos que con la misma compulsión habían dado a los bancos españoles, todos se concitaron para negar que iban a pedir un rescate. Diez días hace que lo negaba rotundo el presidente Rajoy: “no va a haber ningún rescate de la banca española” (EFE 28 de mayo).

Y cuando lo han pedido, niegan lo que efectivamente han pedido: 100.000 millones de euros para entregar a la banca y que vamos a pagar todos los españoles. Niegan que vaya a tener efecto sobre el déficit y la prima de riesgo, cuando será el Estado quien tenga que devolverlo (¿cómo lo harían unas entidades que se capitalizan precisamente porque no tienen dinero?) y tratan de hacer creer que es algo positivo y una ayuda generosa: “Las noticias que traemos hoy son positivas”, dijo el Ministro de Guindos cuando empezaba la rueda de prensa que dio ayer para anunciar el rescate.

Nos han engañado a todos cuando dicen que van a rescatar a España cuando lo que van a hacer es hundirla para años. Nos han engañado los bancos, nos han engañado los gobiernos del PSOE y del PP. Nos han engañado los dirigentes europeos que están borrachos de ideología neoliberal y no se dan cuenta de que las medidas que toman llevan al desastre a los países que las aplican (¿o acaso es que está mejor la economía de Portugal, por no hablar de los ciudadanos portugueses, desde que fue “rescatada”?). Nos ha engañado el Fondo Monetario que se ha sacado de la manga un informe deprisa y corriendo solo para justificar la decisión ya tomada y en el que cifra las necesidades de financiación de la banca española en una horquilla que sitúa, nada más y nada menos, que entre 45.000 millones y 119.000 millones de euro. ¿En qué quedamos?

Y nos engañarán esta tarde el presidente Rajoy y el Príncipe Felipe si es que definitivamente se han ido a ver el partido de fútbol cuando griten ¡España, España!, porque lo que están demostrando es lo contrario: España, los españoles de abajo, les importamos un pepino. Ellos y el resto de los políticos que han permitido lo que acabo de señalar, junto a los banqueros y los grandes beneficiarios de la burbuja y de la crisis, que tendrían que vivir 500 años más para disfrutar de todo lo que han ganado a costa de los españoles, son los responsables de este engaño descomunal. Hay que pedirles cuentas a todos y echarlos para siempre.

Juan Torres López, Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Sevilla

La letra pequeña del rescate a España, por Ignacio Escolar.

Ya es oficial: España es el cuarto país de la zona euro que se acoge a un rescate para salvar sus cuentas. Por mucho que el Gobierno intente disfrazar la realidad, por mucho que sea solo un rescate financiero (como el de Irlanda, por otra parte), la realidad es que España pierde hoy gran parte de su soberanía. Aunque no hay condiciones explícitas para la política económica y fiscal del país, las hay implícitas. La UE y el FMI no nos van a regalar 100.000 millones de euros.

El propio comunicado del Eurogrupo lo deja claro: “El Eurogrupo está convencido de que España va a hacer honor a sus compromisos sobre el excesivo déficit y con las reformas estructurales, con el fin de corregir los desequilibrios macroeconómicos en el marco del semestre europeo. El progreso en estas áreas será vigilado muy de cerca y regularmente revisado en paralelo con la asistencia financiera.. Traducido: si no se cumple con el déficit, el grifo para la banca se cierra.

En próximas fechas, tal vez la próxima semana –hay quien dice que será mejor que llegue antes de las elecciones griegas–, Mariano Rajoy nos leerá a los españoles la cara oculta de esta “ayuda” exterior. Aunque el rescate no esté formalmente condicionado, implícitamente sí lo está: el dinero para salvar a nuestra banca no saldrá gratis para la sociedad. Desde Alemania recetan desde hace años a España cuatro medidas para el ajuste fiscal, para cuadrar las cuentas públicas. Cuatro grandes recortes de los que Rajoy nos hará tomar dos tazas: pensiones, funcionarios, IVA y prestaciones por desempleo.

El Gobierno da dos de estos tijeretazos por seguros –subida del IVA y recorte a funcionarios– y está intentando resistirse como puede a los otros dos: a tocar las pensiones y las prestaciones para los parados. “Las dos primeras están ya casi descontadas, pero las otras dos provocarían serios problemas sociales”, asegura un alto cargo del Gobierno.

Subida del IVA. No se trata solo de subir otros dos puntos el tipo máximo, del 18% al 20 % o al 21%. También pasa por cambiar determinados productos y servicios del IVA reducido al IVA normal. Por ejemplo, los hoteles y restaurantes. En gran parte de Europa pagan el IVA normal. Aquí, por ahora, es IVA reducido.

Recorte a funcionarios. Con casi seguridad, se congelarán las nuevas plazas y también se recortarán los salarios, probablemente a través de reducciones en las pagas extras y en los complementos. La línea roja está en los despidos: en reducir el número total de trabajadores públicos, no solo eliminando interinos. No sería novedad en un país intervenido: ya ha pasado en Irlanda, en Grecia y en Portugal.

Pensiones. Es uno de los recortes que el Gobierno está intentando evitar, consciente de su tremenda impopularidad. Hay tres ingredientes en esta receta: elevar aún más la edad de jubilación –en Irlanda, por ejemplo, ya están en los 68 años–, acelerar la entrada en vigor de la jubilación a los 67 y, como última opción, recortes las pensiones que ahora mismo se pagan.

Prestaciones por desempleo. En dos formatos: endureciendo las condiciones para acceder al seguro de desempleo y también reduciendo su cuantía y su duración.

Además de estos cuatro duros recortes que se barajan, prepárense también para la pedrea: tasas, copagos, peajes, privatizaciones… El Gobierno español pretende pasar a la historia como el primero en Europa que afrontó una intervención sin perder el poder y sin dar siquiera la cara –que Rajoy no comparezca es insultante–. Después de todas sus mentiras, a pesar de su reciente mayoría absoluta, ¿tendrán la legitimidad social necesaria como para convencer a los ciudadanos de que acepten un ajuste así?

Post de Rosa Mª Artal:

La ministra de empleo reza a la Virgen del Rocío para solucionar la crisis.

5.639.500 de parados según el último censo de la EPA (Encuesta de Población Activa, el 24,4% de la población. Y eso que sacan de ella a quienes ejercen una actividad con beneficio de una hora semanal. Por ejemplo, rebuscar en los contenedores de basura y llevarse  alguna cosilla aprovechable. El porcentaje se eleva al 52% entre los menos de 25 años. El gobierno prevé que este año 2012 se destruirán 630.000 empleos más, aunque no lo cuenta todos los días como sí insiste en otros asuntos.

El Papa Benedicto XVI, y no directamente la Virgen aunque venga a ser lo mismo, ha hecho declaración solemne de un Año Jubilar Mariano en Huelva (a pagar por nosotros). Por eso la responsable de la cartera de Empleo, convencida de que es un Acontecimiento de Excepcional Interés Turístico, ha anunciado la inclusión de una enmienda en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) para aplicar rebajas fiscales (de hasta el 95%) a todas las empresas que colaboren en la celebración que tendrá lugar desde el 15 de agosto de este año hasta el mes de septiembre de 2013.

Bañez, emocionada, entiende que sus oraciones han sido escuchadas y que ya podemos mandar la crisis y el paro al baúl de los recuerdos…

Esta noticia -que, por nuestro bien, debería tener difusión internacional- ha generado una enorme confianza en los mercados, y las Agencias de Calificación crediticia se disponen a devolvernos a la triple A, casi desde la basura.

Subvenciones a entidades que realicen actuaciones dirigidas al apoyo y fomento de actividades taurinas (2012)

gnomoempanado:

No es broma, mientras nos vamos al cuerno… Tatatachaaan..Ayudas destinadas a entidades de la Comunidad de Madrid que, careciendo de ánimo de lucro, realicen actuaciones dirigidas al apoyo y fomento de actividades taurinas, con el fin de potenciar al máximo la fiesta de los toros en el ámbito de aquella, para el ejercicio 2012.

Zurda: La deuda gringa. En imágenes, para comprender su enormidad

tiazurda:

Aquí tenemos un billete de 100 dólares:

Este billete es sin duda el más popular, el preferido en todo el mundo. Es el que utilizaremos para construir las “pirámides” de esta presentación Esto es un fajo de 10.000 dólares (unos 7.700 euros):

Esta suma nos permitiría pasar unas buenas vacaciones Aquí tenemos 1 millón de dólares. No parece tan impresionante, ¿verdad?

La mayoría de los habitantes del planeta no ganarán esta suma en toda su vida. Pasemos a 100 millones de dólares:

Como puede verse, esta suma puede situarse sobre un palet normal, lo que facilitaría su manejo.
Al lado vemos, para comparación, 1 millón y 10.000 dólares.
¡Uf ! Llegamos ahora a los mil millones de dólares…

Está claro: si quieres atracar un banco y llevarte mil millones de dólares, necesitarás un camión. Y este es el aspecto de 1 billón (un millón de millones) de dólares:

Fíjate que son dos pisos de palets de 100 millones de dólares cada palet, que ocuparían más que la superficie de un campo de fútbol…

Ahora llegamos a los 15 billones de dólares:  

Como puedes ver, la estatua de la Libertad empieza a inquietarse, pues esta suma es inferior a la deuda de los Estados Unidos. que es de… ¡agárrate!: 114.5 billones de dólares.
Aquí la tienes, la deuda de USA, a la derecha de la foto

Estos 114,5 billones de dólares es la suma que falta a los Estados Unidos para pagar la medicina, las jubilaciones, la seguridad social, la policía y los gastos militares…
Ahora bien, para obtener esta suma, solo hay dos opciones:

- El gobierno americano imprime estos billones de dólares (!)
- Los ciudadanos americanos sacan ese dinero de sus bolsillos.

Y mientras tanto, las agencias de calificación USA, se atribuyen el derecho de juzgar la economía  latinoamericana o europea…
Escrito por atea y sublevada
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